Crítica a “Coco”, de Lee Unkrich

Like
1

Una amiga me contaba lo emotiva que fue para ella y sus hijos la película “Coco”, confesando cómo removió sus entrañas hasta hacerla llorar, algo poco común en la persona en cuestión. Ya había visto este largometraje animado, pero no fue hasta escucharla hablar que atiné a dedicarle una crítica a esos muñequitos.

Y claro que merecía una crítica, una película que se estrenó el 22 de noviembre del 2017, días antes de cumplirse el plazo, última semana de diciembre, para que se envíe el listado final a los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS) por sus siglas en inglés, con todos los filmes elegibles, y ganar el Oscar a Mejor Película Animada, además de Mejor Canción Original (“Recuérdame”). No solo el reconocimiento máximo de la Academia, esta producción literalmente arrasó en todos los certámenes de cine alrededor del mundo.

109 minutos repletos de animación, magia, fantasía, intensidad de colores, fiesta y canciones. Nada sorprendente en esa numeración de aspectos técnicos, son características que veremos en cualquier producción infantil que pretenda envolver a su objetivo comercial, para así abultar la taquilla. Coco es un gigante que se levanta muy por encima a esas partes de la producción antes mencionadas. Su estatura artística es muy superior al producto enlatado que nos han dado a consumir por décadas en el cine infantil estadounidense, salvo muy honrosas excepciones de entregas que sobrepasan la simple y estereotipada descripción de “películas basadas en personajes animados”.

Un guión original, escrito y dirigido por Lee Unkrich; en los créditos aparecen: Adrian Molina como co-director y guionista, también Jazson Katz y Matthew Aldrich, guionistas. Y con la revelación del cine, el jovencito de 12 años Anthony González, quien le dio vida al protagonista de la propuesta cinematográfica, Miguel.

Gael García Bernal, a quien bien conocemos por producciones como “Amores Perros” (2000), o personificando a un joven Ernesto Che Guevara en “Diario de Motocicleta” (2004), le regala su voz a Héctor, un personaje aparentemente de relleno que le da un vuelco maravilloso a la entrega. También escucharemos a Benjamin Bratt, actor de origen indo-peruano que recordarán como el detective que acompañó a Sandra Bullock en “Miss Simpatía” (2000), y se adentra en el personaje del famoso cantante Ernesto de la Cruz en esta inmensa “Coco”.

Poster oficial

Volvamos al personaje central, Miguel, con él surge el dilema más importante de la película; los sueños versus la familia. El niño desea ser músico, pero un rechazo histórico de sus antecesores a esa profesión le hace frente. ¿Qué debe hacer “Miguelito”? Desafiar la imposición familiar y correr tras sus propias metas, u obedecer fielmente un mandato que lleva décadas dirigiendo los pasos del núcleo sanguíneo. Esta disyuntiva interna saca a relucir un aspecto cultural neurálgico manifestado en la película, la importancia de la familia para una sociedad como la mexicana, porque sí, los hechos ocurren en medio de una colorida y alegre provincia de México.

Disney y Pirax se asociaron para invertir US$175,000,000 en producir un largometraje animado que abraza de principio a fin un cúmulo tradiciones culturales foráneas y extrañas por demás para los estadounidenses. Pero no fue un tiro de suerte, solo en Estados Unidos recaudó más de 200 millones de dólares y a nivel mundial sobrepasó sin mucho esfuerzo los 800 mm., ranqueándose así en el top 20 de las películas animadas más taquilleras de la historia.

Sigo acentuando la carga cultural del film y es porque lo percibí como lo más impactante de todo. El surealismo abordado hace juego con un misticismo religioso sin igual. Y es muy peligroso abordar la religión de una cultura cualquiera, sin que se hieran las fibras sensibles de ese segmento poblacional. Lo delicioso de esta película es que se adentra sin complicaciones en la fiesta religiosa más importante para los mexicanos y no sufre ningún trauma en el proceso.

¿Por qué surrealismo? Este movimiento artístico surge en Francia, en medio de las actividades bélicas de la Primera Guerra Mundial, busca atacar el psicoanálisis para que afloren las formas subconscientes de las manifestaciones humanas, trata, puntalmente, de apartar del arte cualquier tipo de limitaciones y control racional. Cuál mejor exponente de este arte en Latinoamérica que la eterna e insuperable Frida Kalo (1907-1954), sello gomígrafo y marca país de México, (alerta de spoitler) sí, ella es un caramelo encantador que guarda “Coco” en sus poderosas escenas.

Aquí pueden ver el trailer de Coco para Latinoamérica

¿Por qué cultural? Los hechos de la película ocurren en medio de la celebración de “El Día de los Muertos” (1 y 2 de noviembre), sin lugar a dudas, la conmemoración creyente más trascendental del país norteamericano, solo equiparada con la celebración de “La Virgencita”, Nuestra Señora de Guadalupe, protectora de México (12 de diciembre). La recordación de los fallecidos es un acto amarrado a la religión católica y celebrada simultáneamente en casi todos los países donde esta religión tiene asentamiento. En República Dominicana le llamamos “El Día de los Fieles Difuntos”, conmemorada subsiguientemente al “Día de Todos los Santos” (1 de noviembre).

Esta fiesta religiosa mexicana adoptó hace décadas ribetes de atractivo turístico y se debe a la carga precolombina de la celebración. Junto a la devoción católica por los fallecidos, en México se le agrega las celebraciones aztecas y étnico-mexicanas en honor a los muertos. Un aditivo ancestral a esta manifestación mágico-religiosa.

Durante años busqué un texto que me supiera explicar llanamente el verdadero significado de la conmemoración de “El Día de los Muertos” para los mexicanos, y no fue hasta ver dicho planteamiento plasmado en los colores de “Coco”, que pude tener una idea verdaderamente acabada de la expresión sentimental y cultural que envuelve esta fecha para sus fieles creyentes.

“Coco” es algo más que hora y media de entretenimiento frente a una pantalla, es una conexión mágica con los sentimientos, los sueños y la familia. Es un enlace mítico con la cultura, las interpretaciones artísticas y esas ganas incontrolables de que se te arrugue en corazón dejando escapar una lágrima. Es esa proyección en la pantalla que te dará una razón infalible que le explique a tus hijos porqué deben vivir apasionadamente y con la intensidad de los matices que esa fuerza interna le da a la vida.

“Coco” es una magnífica producción animada que aplaudo con todas las fuerzas de mi crítica y que no pueden dejar de disfrutar.

 

Fuente: IMDb.com

Like
1

About the Author

Rafael Henríquez
Director y Productor de Con Miel y Con Hiel Mass Media, Periodista, Cronista Deportivo, Locutor, Escritor.