No te extraño, Dominicana

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Cándido Bidó

No echo de menos tu sol candente que se marca en las pupilas, que tuesta la ropa en los cordeles y desprende ardor del asfalto. Ese sol que te despierta bañado de sudor y es tan caliente que humedece la frente, no lo extraño.

Dominicana, libre e indómita, no te extraño. La libertad propagada con El Trabucazo de uno de tus padres fundadores, la misma que se defendió en Beller, en Palo Hincao, en El Capotillo al filo de La Espada Restauradora, no la echo de menos. Esa libertad reclamada el 30 de mayo del 61; y a fuego, cojones y sangre exigida en abril del 65, no la añoro para nada.

Por qué extrañar el calor de tu sangre y las carcajadas desenfrenadas que por solo llevarte dentro se desprenden, sin importar el problema de turno que aqueje.

Elsa Núñez

Dominicana, al recordar en mi boca tu machete afilado pelando la dulce caña, esa que baña de guarapo mis recuerdos. O pretender averiguar ¿por dónde es que se le entra el agua al coco?, mientras refrescas tu alma con uno recién pelado, ¿quién extrañará eso de ti, Dominicana?

Al que se le hace la boca agua con añoranzas perdidas en un beso de sal robado una de tus playitas, de esas escondidas en Río San Juan, o una caricia erizante en un río que brota de un peñón en Bonao. A mí no, porque no te extraño, Dominicana.

Celeste Woss y Gil

No echo de menos tus verdes paisajes campesinos que parecen pincelados por Don Guillo, mezclados de ese azul suspirante, como derramado en un lienzo de Bidó. Tu larimar tallado desde el anhelo de tu gente, o tus amaneceres abrazados de un “te adoro”, esos, ni los recuerdo.

Dominicana, no te extraño. No te sueño en mis insomnios de ron y bachatas de merengue y acordeón, ni te ansío en un cocinao´, rociado con esa madrugada que embriaga un brindis, haciéndolo bohemio, preñada del pecado necesario para ser eterno. ¿Para qué extrañar eso, Dominicana? ¡Dime!

Dominicana, no te busco en el olor a café colao´, ni te deseo arropado con un chocolate de agua en noches de romance entre el zinc y la lluvia. Mucho menos te extraño en un cerdo asado, adobado con el guiño de su mirada caprichosa.

Renoir – “Au jardin du Moulin de la Galette” pintado en 1876.

No te extraño, Dominicana. ¡Por qué extrañarte si te llevo en mi corazón!, en mi alma tricolor. Por qué añorarte si te siento en mi piel, que africana, europea y taína se fundió.

No te extraño porque, Quisqueya, más allá de los mares, del frio de la noche, del calor que brinda una sonrisa acompañada de recuerdo en medio de la soledad, de la fatiga y de la realidad, donde sea que esté, Dominicana mía, tú eres yo.

 

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About the Author

Rafael Henríquez
Director y Productor de Con Miel y Con Hiel Mass Media, Periodista, Cronista Deportivo, Locutor, Escritor.