Peor el remedio que la enfermedad

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Antes de desarrollar el tema que atañe al artículo de la fecha, es pertinente mencionar un par de antecedentes neurálgicos que poseen fuertes elementos de similitud y una contundente mezcolanza con el contenido central.

El primero surge entre 1839 y 1842, tiempo en que se escenificó la llamada Guerra del Opio, un conflicto entre Gran Bretaña y China debido a sus diferencias por el comercio del opio en el país asiático. El Emperador chino prohibió la comercialización de la planta narcótica mercadeada por los comerciantes británicos y Reino Unido buscaba la legalización de la droga.

Este podría considerarse como el primer conflicto bélico de la historia causado por el narcotráfico.

La segunda referencia a mencionar es la llamada “Ley Seca” de 1920, aplicada en los Estados Unidos entre enero de 1920 y diciembre de 1933. Establecida mediante la Enmienda XVIII a la Constitución estadounidense y motivada por facciones conservadoras, dicha ley prohibía la fabricación, importación, exportación, venta y transporte de bebidas alcohólicas.

Pero la prohibición generó el tráfico clandestino del alcohol y con esto la formación de nefastos grupos mafiosos que se disputaban el control del comercio de las bebidas alcohólicas, lo que derivó en una sistemática matanza de personas, sin mencionar la gran cantidad de dinero (no fiscalizado) que producía el negocio ilegal de la destilación.

 

Legalización vs. Prohibición

El cannabis ha sido ilegal a nivel mundial desde principios del siglo XX. Como consecuencia de la mencionada Guerra del Opio en 1925 se organizó en Ginebra la Segunda Convención Internacional del Opio, donde se adhiere la marihuana a la regulación del tráfico de sustancias; ya el opio, cocaína, heroína y sus derivados habían sido incluidos en convenciones anteriores.

La legalización de esta planta ha sido tema de controversia y debate por décadas, siendo uno de los principales argumentos de los que defienden su legitimación el impacto económico que tendría sobre el narcotráfico y la comercialización clandestina del producto alucinógeno.

El valor del mercado mundial minorista de mariguana se estima en 141,000 millones de dólares, siendo el mercado de Estados Unidos un poco menos de la mitad de este monto (64,000 millones). Se estimó que el mercado sudamericano es pequeño en cuanto a su valor, con 4,200 millones de dólares.

El primer país del mundo en legalizar la producción de marihuana fue Uruguay, cuando en diciembre del 2013 empezó a otorgar licencias a los consumidores para la venta y consumo de cannabis. Al país suramericano se unieron más tarde Corea del Norte, Holanda, Chile, Suiza, Bélgica, Canadá. Portugal (2001), Argentina (2009) y Colombia (2012) aparecen primero en la línea del tiempo, pero sus legalizaciones fueron parciales y con restricciones al momento de dar el paso.

Estados Unidos cuenta hoy con un cada vez mayor número de votantes que están a favor de la legalización de la marihuana. Europa con una posición pasiva al respecto y Rusia, que en manos de Vladimir Putin, manifiesta una posición nacionalista radical y expresamente en contra del narcotráfico mundial, está dispuesto a hacerle frente con medidas “antiterroristas”.

Según el artículo “Mundo dividido en lucha contra las drogas” de FINANCIAL TIMES,  el mundo gasta más de US$ 100 mil millones al año en la imposición de leyes contra el narcotráfico, pero la demanda y el suministro de estupefacientes se mantiene en aumento. Entonces la pregunta obligada es ¿Quiénes se lucran más con el tráfico ilegal de narcóticos?

Por peticiones puntuales de Colombia, Guatemala y México, países extremadamente devastados por las drogas, la asamblea especial de la ONU contra las drogas, pautada para 2019, ha sido adelantada para el año en curso. El organismo internacional agendó para 2016 La Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) sobre las Drogas.

Kilos de sangre

Si las cifras económicas arrojadas por el flagelo de las drogas son preocupantes, las que se manejan con respecto a la violencia generada es alarmante.

Según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), son más de 250,000 las muertes al año producto del consumo de narcóticos ilegales en el mundo. El reporte mostrado por la dependencia de la ONU señala que las zonas que mayor número de decesos registra son América del Norte y Oceanía, a razón de uno por cada 20 fallecidos entre 15 y 64 años se debe a las drogas.

Casi 100,000 mexicanos murieron entre 2006 y 2015 debido al crimen organizado.

Otro estudio, realizado por el British Medical Journal manifiesta que el consumo de mariguana duplica el riesgo de sufrir accidentes de tránsito.

 

Fiscalizando el vicio


La respuesta de los Estados a los flagelos adictivos históricamente ha sido: legalizar y fiscalizar el producto. Se ha hecho con el alcohol, el cigarro, los juegos de azar; luce que ese es el paso a seguir para paliar el efecto negativo y subyugador que tienen los estupefacientes sobre la sociedad.

La guerra antidrogas prácticamente ha fracasado, la cantidad de recursos económicos, materiales y humanos perdidos en este enfrentamiento es escalofriante, y las manifestaciones de asociaciones, grupos y activistas sociales en favor a la legalización del cannabis, son cada vez más frecuentes y poderosas.

Legalizar el “consumo recreativo de la marihuana” luce ser la medida más viable, aunque muy exagerada. Pero ente situaciones extremas, soluciones extremas.

Los aportes medicinales de la marihuana están científicamente comprobados y demostrados. Miles de estudios universitarios y revistas médicas señalan al cannabis como un efectivo tratamiento contra el cáncer, por ejemplo.

La directora de la Cátedra Extraordinaria UCM “Drogas Siglo XXI”, Araceli Majón-Cabeza, está convencida de que la legalización de la marihuana es una solución viable. La experta dice “Tras 40 años de guerra y constatado su fracaso, es hora de afrontar al realidad: la única respuesta es la LEGALIZACIÓN.

Fiscalizar las sustancias narcóticas reduciría considerablemente la gran cantidad de dinero que va a parar a las organizaciones criminales que comercializan de forma fraudulenta las drogas. Y que una buena tajada del pastel llegue a las arcas estatales y sirvan para invertirse en problemas sociales que afectan esos países, puede llegar a ser un efectivo recurso.

Pero, y vuelve el bendito pero…

¿Cómo combatir efectivamente el narcotráfico si los mismos gobernantes son, en gran medida, los más beneficiados de este flagelo? ¿Cómo tomar medidas contra estos cánceres sociales, si están protegidos por los estratos sociales que dictan las reglas y hacen aplicar las leyes? ¿Cómo extirpar de raíz una yerba que envenena nuestras sociedades y las vuelve zombis andantes?

Si la solución, por más alarmante o extrema , es legalizar la maldita droga, pues que se haga y ya.

 

 

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About the Author

Rafael Henríquez
Director y Productor de Con Miel y Con Hiel Mass Media, Periodista, Cronista Deportivo, Locutor, Escritor.