Equidad o promiscuidad

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La equidad del latín aequitatem, se refiere a la igualdad. A una cualidad de atribuir a cada uno aquello a lo que tiene derecho. Esta definición descrita en © El Pequeño Larousse Multimedia, 2006, también se refiere al “derecho o justicia natural”.

 

La paridad entre géneros es un clamor del que esta tribuna siempre ha sido eco. Con el poder que nuestra pluma representa, sea grande o pequeño, hemos defendido el derecho de la mujer a recibir los privilegios y derechos en la misma medida que el hombre.

Un ejemplo palpable del apoyo a la centenaria lucha femenina fue el artículo titulado “Hoy no las felicito, hoy las apoyo”, donde explicamos las razones de conmemorarse el Día Internacional de la Mujer, allí alzamos nuestro bolígrafo apoyando los reclamos sociales que la mujer ha denunciado por décadas.

 

Esta expresión de la fecha es de indignación, también es de reclamo, pero es amonestando a esas mujeres que han tergiversado el término “equidad“. Es para cuestionar a esas mujeres que se escudan en la llamada “liberación femenina” para cometer las atrocidades morales en que incurren los hombres a cada momento.

 

La igualdad no es imitar malos hábitos masculinos, o copiar acciones que deterioran el civismo y las buenas costumbres. No es tomar el volante bajo los efectos del alcohol, solo porque “si ellos pueden, nosotras podemos”, no significa incurrir en una competencia desleal y discriminatoria por un importante puesto de trabajo.

 

Todas esas desgraciadas atrocidades ya las tenemos en nuestra sociedad, paridas por un género que se hace llamar fuerte y dominante, y que no ha hecha más que esconder sus debilidades y baja autoestima en aberrantes acciones que envenenan y destruyen la calidad de vida de nuestros pueblos.

Ese equilibrio social se refiere a valorar en su justa medida la capacidad intelectual y aptitudes de todas las mujeres. Se traduce en ir en un transporte público y que una dama se ponga de pie cuando un envejeciente, una embarazada o un minusválido necesite un asiento. Ya tenemos demasiados hombres que miran a la ventana y se desentienden de ese deber para no perder su comodidad durante el recorrido de la guagua, para que también las mujeres se sumen a este acto de indiferencia y falta de empatía.

 

Mujeres, entiendan que no es un logro en su ardua lucha vocear a los cuatro vientos y llenas de orgullo que se acostaron con tres hombre solo en un fin de semana. Ese sexo indiscriminado y desgastante que practican lo hombres, les aseguro que no es algo digno de calcar. El que los “machoman” incurran en ello desde el principio de los tiempos, no quiere decir que esté bien hacerlo.

 

Muchas veces he escuchado esa repugnante frase que reza; “si ellos hacen, nosotras deshacemos”, refiriéndose a la retaliación femenina ante el adulterio o las traiciones sentimentales. La respuesta a que tu pareja te “pegue cuernos” no debe ser la Ley del Talión, deje a ese hombre y respete sus principios, allá él si no quiere respetar los suyos.

 

La virtuosa faena feminista de equiparar los derechos no significa vengarse de los siglos de opresión y maltrato del hombre a la mujer. No se trata de odiar a los varones con tanta fuerza, que al final sean ellas las que lesionen y pisoteen los derechos masculinos.

 

La promiscuidad mostrada por muchas mujeres en la actualidad hace pensar si en verdad ellas quieren equidad, o prefieren seguir siendo vilipendiadas por el machismo extremista, y así tener una excusa para sus despechadas represalias que persiguen hacer sufrir a los hombres lo que ellas han sufrido.

 

La lucha por la equidad de género debe continuar, nunca desmayar en la titánica marcha hacia una sociedad más equilibrada y justamente proporcionada. Pero convertir ese reclamo en una competencia para ver cuál género es más promiscuo, es desvirtuar totalmente la esencia de los reclamos.

 

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About the Author

Rafael Henríquez
Director y Productor de Con Miel y Con Hiel Mass Media, Periodista, Cronista Deportivo, Locutor, Escritor.