David Bowie, más que atrevido, más que original, mucho más que virtuoso.

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“La iconografía de la tapa del disco “Aladdin Sane” de 1973, que muestra un rayo de azul y rojo cubriendo el ojo derecho de Bowie, se volvió un auténtico referente de la cultura pop.”

David Bowie “Aladdin Sane” de 1973.

El ingenio o facultad extraordinaria para crear cosas nuevas y admirables no es algo propio de la generalidad. Dicho ingenio puede verse manifestado en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, pero es en el arte donde el mismo encuentra la forma más idónea de ser palpado, verificado, analizado y disfrutado por demás.

Y es la música, sin temor a equivocarme, la rama del arte que mejor se presta para palpar, verificar, analizar y disfrutar de esa genialidad de la que solo los grandes son dotados. Y cuando hablamos de música y genialidad muchos nombres pueden llegar a nuestra mente, siendo David Bowie uno de ellos.

David Robert Jones, mejor conocido como David Bowie, fue uno de esos artistas  que dedicó su vida a impulsar nuevas formas de expresiones artísticas, la creatividad fue el elemento que caracterizó su prolífera trayectoria artística durante 50 años.

Space Oddity (1969) fue el primer vestigio de genialidad que el mundo percibió de Bowie. En esta magistral pieza, el dos

“The Man Who Fell to Earth”
(El hombre que cayó a la tierra, 1976).

veces galardonado por el Grammy Awards (1985/2006), nos hizo viajar al espacio y caer en un mundo paralelo lleno de sensaciones, al cual solo se llega, a través de toda la imaginación presente en tan esplendorosa canción.

 

El alcance de su genialidad era tal, que trascendió las fronteras de la música. Su habilidad de generar ideas fuera del campo musical fue, sin lugar a dudas, un elemento determinante que lo consagró como una de las figuras de mayor contribución en la cultura popular universal.

Dejó su marca en el mundo del séptimo arte apareciendo en 27 producciones, dentro de las cuales  podemos citar “The Man Who Fell to Earth” (El hombre que cayó a la tierra), en la cual se puede apreciar la capacidad interpretativa que Bowie cultivó desde temprana edad, cuando acudió a estudiar teatro vanguardista y arte mimo en su natal Inglaterra.

 

La Moda


Si hubo un ámbito en el cual David Bowie influyó de manera contundente, fue en el mundo de la moda. Ya fuera por su color de pelo, las prendas, los escotes, o el maquillaje, siempre buscaba la manera de romper con las normas estéticas, Una característica que lo elevó a la categoría de “ídolo de la moda”.

Alexander McQueen, Kansai Yamamoto, Lois Vuitton, Dries Van Noten Y Jean Paul Gaultier, fueron solo algunos de los tantos diseñadores que prestaron sus manos para vestir a Bowie. Su desenfreno creativo en el mundo de la moda, hizo que numerosas marcas se fijaran en él y llegaran incluso a plasmar su rostro en algunos de sus productos, como fue el caso de Zara, Primark y Mango.

Su obra maestra llegaría en junio de 1972, y con ella la esencia de un Bowie que retó el núcleo de la música rock de la época. “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, mejor conocido como “Ziggy Stardust”, fue su creación más aclamada, en la cual abandonó casi por completo la instrumentación del rock tradicional, y en la que dio luz a quien es el personaje más emblemático en la historia de la cultura pop.

 

Solo un genio como Bowie pudo haber creado tan extraordinario personaje (Ziggy Stardust), para luego convertirlo en una faceta más, dentro de lo que fue una carrera artística caracterizada por las continuas reinvenciones, innovaciones musicales y cambios audiovisuales y escénicos.

El disco permaneció por dos años en las listas de ventas, y plasmó una influencia transformadora que acaparó toda la década del 70, marcando un estilo que suponía una ruptura con todo lo establecido, vertiendo al mundo en una página de cambio a la cual se resistía, y sepultando el estancamiento que para la fecha presentaba el rock progresivo. Por esta y otras razones varios historiadores de la música lo señalan como el pionero del Glam Rock.

Luego de Ziggy Stardust, fueron 15 las ocasiones  en la que David puso ante nosotros muestras de genialidad, plasmadas en producciones que proyectan la inmensa capacidad que tenía para reinventarse. Cada una totalmente diferente a la otra  en su estructura musical y lírica, en su puesta escenográfica y en su forma de vocalizar.

Dentro de los 15 discos que sucedieron a Ziggy Stardust, considero prudente nombrar algunos de los más significativos, tanto a nivel músico-intelectual, como comercial.

“Young American” (1975), “Station of Station” (1976), “Low” (1977), “Heroes” (1977), “Lodger” (1979), “Scary Monster and Super Creeps” (1980), “Let`s Dance” (1983), “Outside” (1995), “Heathen” (2002), “The Next Day” (2013), “Black Star” (2016).

La profundidad intelectual de su obra y la majestuosidad de su música se pueden  repasar en un total de 25 álbumes de estudio, siendo el último de ellos “Blackstar”, lanzado el día ocho de enero pasado, fecha en que se celebró su cumpleaños número 69; este disco, como de costumbre, fue alabado por la crítica especializada.

Dos días después del lanzamiento de “Blackstar”, un cáncer de hígado, diagnosticado hacía ya 18 meses, hizo que cerrara sus ojos uno de los artistas más grandes que ha dado la historia de la música universal.

Con una prolífica trayectoria que abarcó 50 años, posicionado número 23 por la revista Rolling Stone en su lista de los mejores  cantantes de todos los tiempos; con 140 millones del discos vendidos, incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1996, y con uno de los legados culturales de mayor expansión e importancia a nivel mundial, David Bowie fue, es y será por siempre, el más digno ejemplo de la genialidad artística hecha persona.

 

 

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José Miguel Almonte Vargas
Radio Host - Voz Comercial, Escritor de Cine y Deportes.