“¡Que viva el disk jockey!”

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Usar el transporte público puede llegar a ser una experiencia inolvidable, en cualquiera de los sentidos que se le de al término.

Sentarse junto a la ventana de la guagua cuando el recorrido incluye un refrescante paseo por el Malecón de la Capital llena el alma de regocijo, contemplar la costa bañada por el hermoso mar Caribe es un paisaje digno de atestiguar. Más, si una rítmica y pegajosa propuesta musical armoniza el ambiente.

Bonny Cepeda El Hijo de Madame Inés

“El hijo de madame Inés vivirá entre privilegios,

 y el hijo de la vieja Mercedes ni siquiera irá al colegio…”

Justamente esa era la estrofa de la canción que sonaba durante el recorrido, cuando de repente fui desprendido de ese deleite sensorial, el chofer del transporte, que al mismo tiempo fungía de disk jockey, quitó el disco para colocar un estruendoso tema urbano del llamado dembow.

 Musicólogo El Libro  “Pa` cuando”

“Ran Pamparaoun… ¿Y lo` bolsillo pa` cuando?

El que ma` basila, con la mesa vacía. ¿Y la botella pa` cuándo?”

No tengo nada en contra del género urbano, no me mal interpreten, pero el que ese conductor haya preferido escuchar un ritmo cuyo contenido consiste en la repetición indiscriminada de una frase, sobre un corte musical rico en letras y con un mensaje de reclamo social importante, llama a preocupación.

Soy fiel creyente que las expresiones artísticas son un reflejo de la sociedad, por eso en estos párrafos no critico la carencia de líricas mostrada en las nuevas canciones que se escuchan regularmente en la radio.

Mi crítica es a los consumidores que escuchamos esas canciones vacías o con mensajes que degradan el civismo y la moral de la sociedad. El llamado es para aquellos que prefieren oír temas que carecen de contenido enriquecedor.

Es penoso que cuando se cuestiona a esos artistas por lo banal de de sus interpretaciones, la respuesta sea “eso es lo que vende, las canciones con letras no se pegan”. Lo que evidencia que ellos, los “representantes del género” están simplemente cubriendo las necesidades de los amantes de ese estilo musical.

Definitivamente no es el género, es el contenido; indudablemente no son los artistas, son los consumidores.

El nivel cultural del oyente debe aumentar, el conocimiento y la educación del público necesita crecer. Solo así le exigiremos a los cantantes que eleven su calidad, y de paso podremos disfrutar de realizaciones musicales con un grado de excelencia tal, que obligaría a que se valore mejor la música urbana.

Mientras este proceso ocurre, seguirá resultando chocante para mí, cada vez que un “culto” chófer con aires de DJ suspenda de su play list la interpretación magistral de Bonny Cepeda, donde destaca las diferencias sociales entre dos niños nacidos en cada extremo del estrato civil, reemplazándola con las rimas espontáneas de el Musicólogo con su éxito “Pa` cuando”.

Cuando en las fiestas hay un bache entre canciones, o los equipos de sonido fallan, el público grita a coro “Que viva el disk jockey“, haciendo alusión al trabajo deficiente del profesional.

Por eso volveré a ponerme de pie en la guagua, y en protesta hacia la selección artística hecha por el conductor, gritaré a todo pulmón… “¡Que viva el disk jockey!” (bis).

 

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About the Author

Rafael Henríquez
Director y Productor de Con Miel y Con Hiel Mass Media, Periodista, Cronista Deportivo, Locutor, Escritor.